¿INTENTAS SOLO RAZONAR CON TU EQUIPO? LA EMOCIÓN ES LA LLAVE

A los seres humanos nos cuesta aceptar y digerir que nuestra racionalidad es solo una pequeña parte de la conducta habitual, siendo la emoción la que impulsa a la acción (o a la inacción).

No digamos ya en el ámbito laboral. Juramos y perjuramos que el comportamiento en la empresa es fruto de la racionalidad más objetiva, fría, analítica y reflexiva. Sin embargo, por mucho que nos gustaría que fuera así, no lo es.

«La diferencia esencial entre emoción y razón es que la emoción incita a la acción, mientras que la razón solo a conclusiones». Donald Caine (Neurólogo).

Puede que la estrategia empresarial sea reflexionada y analizada (y así debe ser), pero el ajetreado comportamiento diario está condicionado por automatismos, sesgos, emociones y prejuicios, tanto individuales como sociales.

En un ámbito tan «serio y racional» como es el económico (que es la razón de ser de una empresa), cada vez tenemos más demostraciones empíricas, desde la economía conductual, de todos estos sesgos irracionales en nuestra conducta.

La economía conductual se ocupa de las mismas cuestiones que la economía estándar (por qué compramos, cómo decidimos, cómo afectan las decisiones a los precios del mercado, etc.).

Pero en vez de asumir que las personas somos racionales para inferir implicaciones y realizar modelos, la economía conductual no da por hecho que las personas nos comportamos de una determinada forma.

Sino que parte de un enfoque experimental en el que la premisa principal es analizar el comportamiento de las personas ante diferentes situaciones, en distintos entornos y bajo diferentes influencias, y solo después, a la vista de los resultados obtenidos, inferir las implicaciones.

Los resultados de estudios empíricos realizados por conspicuos economistas conductuales como Daniel Kahneman (premio Nobel de Economía 2002), Richard Thaler, o Dan Ariely, demuestran que LAS PERSONAS SOMOS, PRINCIPALMENTE, IRRACIONALES.

Estamos condicionados por prejuicios cognitivos inconscientes e influencias externas.

Las implicaciones de estos hallazgos abren una brecha entre el modelo ideal de comportamiento racional de la economía estándar y el comportamiento real que mostramos las personas a diario.

Además, la neurociencia ha reforzado y respaldado estos resultados desde que Antonio Damasio publicó su famoso libro «El error de Descartes».

En vista de todo ello sería una negligencia por nuestra parte que, como directivos, empresarios o docentes, tratáramos de entender y dirigir el comportamiento de nuestros equipos, empleados, colaboradores o alumnos, desde una perspectiva únicamente racional.

Debemos añadir, y en mayor medida, la comprensión y gestión desde la perspectiva de los sentimientos.

Y no debemos confundir el mundo afectivo con «sensiblería», «ñoñería», «blandenguería» o «buenismo», ni con otro adjetivo peyorativo que solo haría que revelar nuestra ignorancia al respecto.

Solo así podremos llegar a comprender e influir de manera poderosa y sostenible (siempre de forma ética) en las conductas de compromiso, colaboración, iniciativa, proactividad, creatividad, etc., que tanto necesitamos en la nueva era empresarial.

Solo así podemos comprender que un liderazgo enfocado al servicio del equipo, que da apoyo, reconocimiento, feedback asertivo, con exigencia y generosidad a partes iguales (mostrando ejemplo y coherencia) es el camino más sostenible para lograr los objetivos empresariales.

Siendo plenamente conscientes de aquello de «no solo de pan vive el hombre», sino que además del salario económico necesitamos un salario emocional (clima positivo), uno intelectual (reto, crecimiento) y otro trascendental (de sentido o propósito superior).

Solo así podemos llegar a discernir que detrás de un comportamiento dado no solo debemos buscar causas razonadas sino también emociones y sentimientos.

Es así como, finalmente, podemos llegar a ofrecer empresas con ambientes de trabajo saludables, tal como indica la OMS en su modelo de empresa saludable,  donde las personas quieren ir a trabajar porque sienten que aportan, disfrutan, crecen y reciben de forma satisfactoria.

¿Y tú, solo intentas razonar con tu equipo?

*Puedes acceder a más contenidos sobre empresa saludable en formato vídeo aquí y bienestar emocional aquí

Fuente imagen: Adobe Stock

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