LA INTENCIÓN DE TU ACCIÓN NO ES LO QUE PARECE

Es bastante evidente que la intención de la mayoría de nuestras acciones, por no decir todas, tiene su origen en la sensación de carencia o insatisfacción de necesidades.

Lo que no es tan evidente en muchos casos es la verdadera necesidad a satisfacer.

Es decir, a menudo lo que hay detrás de una acción (p.ej., publicar un selfie en Instagram) no es la intención aparente (p.ej., presumir o «postureo») sino, probablemente, la intención de satisfacer una necesidad psicosocial (p.ej., reconocimiento, valoración, sentirse «importante»).

Y, paradójicamente, lo que conseguimos al final de nuestras acciones es a menudo justo lo contrario (p.ej., desprecio, rechazo, indiferencia).

Entonces, nuestro EGO que es muy listo usa un mecanismo de protección llamado «atribución autoprotectora»: «La gente no me pone ‘likes’ porque me envidian».

Olvidándose de poner el foco atencional dentro, en lugar de fuera, para autoindagar cuál es la necesidad real que motiva su acción.

Otro ejemplo. Un chico o una chica en clase no para de interrumpir al profesor o profesora (eso que llamamos ‘alumno disruptivo’).

¿Cuál es su intención? ¿Fastidiar al profesor? ¿Sabotear la clase?

Puede que esa sea la intención aparente, pero no la que origina el proceso motivacional.

La verdadera necesidad estará más cerca de una percepción de carencia o insuficiencia de reconocimiento, escucha, pertenencia, libertad, poder…

Cada uno que indague su verdadera necesidad si quiere. Lleva un poco de tiempo pero vale su peso en oro.

¿Para qué queremos indagar la verdadera necesidad?

Pues para darnos cuenta de que, en la mayoría de ocasiones, eso que queremos lograr no nos va a satisfacer plenamente porque se van a dar situaciones y circunstancias cambiantes que van a perpetuar nuestra necesidad.

O vamos a promover el efecto contrario al deseado al utilizar una estrategia equivocada.

Es decir, si solo buscamos la satisfacción de la necesidad fuera de nosotros, entonces, de alguna manera, estamos perpetuando nuestra insatisfacción y búsqueda en una espiral sin fin.

En cambio, si hacemos un trabajo de introspección, podemos llegar a darnos cuenta de que la verdadera satisfacción de esas necesidades solo podemos conseguirla desde dentro.

Por ejemplo valorándonos, contando con nosotros, siendo autocompasivos, dándonos atención, o permitiéndonos espacios de libertad, autonomía y reconocimiento sin culparnos y sin culpar a nadie.

¿Significa eso que entonces no tenemos que buscar nada ahí afuera? Por supuesto que no, pero lo cambia todo.

Porque cuando dejamos de percibir carencia interior, evitamos el tipo de deseo que nos lleva a la dependencia externa, al apego obsesivo, logrando paradójicamente reconocimiento y aprecio externo que podemos disfrutar sin riesgo de quedar atrapados en el victimismo o el narcisismo.

Acción, intención, activación, emoción, persistencia…, todo forma parte de lo que llamamos proceso motivacional.

Es un proceso psicológico básico que nos impulsa a satisfacer una necesidad o carencia, tal como decía al principio, real o percibida.

Claro está que las necesidades fisiológicas, o de orden inferior, sí que necesitamos satisfacerlas con algo externo (comida, agua y cobijo, básicamente).

Pero las psicosociales o de orden superior (sociales, de ego y de autorrealización), es muchísimo más saludable y eficaz satisfacerlas desde el interior para, posteriormente, disfrutar en el exterior de mejores relaciones, consideración y desarrollo.

No sé si me he explicado bien.

Esto lo trabajamos en los talleres de inteligencia emocional y liderazgo que hacemos con empresas, profesionales y docentes que desean dar un salto cualitativo en su desarrollo y bienestar.

Y antes de irme, no sé si te estarás preguntando cuál es el mi verdadera intención al escribir este post.

Pues tengo que decir que, hace no mucho tiempo escribía porque necesitaba sentirme competente como profesional de la psicología organizacional (sentía la carencia) y quería obtener de mis lectores ese reconocimiento, en vez de dármelo yo mismo.

Afortunadamente, un día me di cuenta de eso, que era yo el primero que no reconocía esa competencia y, por tanto, difícilmente iba a conseguirlo de fuera.

Una vez conseguí reconocerme, empecé a escribir menos y, paradójicamente, empecé a recibirla en mayor abundancia por parte de empresas y profesionales.

Ahora siento la necesidad de compartir lo que sé por si puedo ayudar a alguien. Es decir, hoy tengo la necesidad de sentirme útil.

Pero me siento útil, simplemente, escribiendo.

Es decir, no necesito que alguien me diga que he sido útil.

Por supuesto, a nadie le amarga un dulce, pero no dependo de ello. No sé si me explico.

¿Y tú, vas indagar en la intención real de tu acción o solo miras la superficie culpando o culpándote?

Leave a Comment

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.