En esta ocasión quiero compartir las conclusiones de un artículo publicado por mi querida colega Hedy Acosta-Antognoni, junto a María Vásquez-Pailaqueo, de la Universidad de Talca (Chile), publicado recientemente en Quaderns de Psicologia.
Su investigación pone sobre la mesa un tema que suele quedar en segundo plano cuando hablamos de salud mental en el trabajo.
Que no se trata solo de reducir lo negativo, sino también de reforzar lo positivo que cada persona ya tiene en su interior.
Casi siempre, cuando hablamos de bienestar laboral, el foco se pone en lo que falta.
Menos estrés, menos conflictos, menos absentismo.
Este estudio propone otra perspectiva…
¿Qué pasaría si pusiéramos la atención en lo que sí tenemos?
El estudio
La investigación se llevó a cabo en centros de salud públicos en Chile y probó una intervención basada en fortalezas del carácter. Durante seis sesiones online, los participantes aprendieron a identificar sus fortalezas personales y a aplicarlas de manera consciente en su trabajo cotidiano.
Los resultados fueron claros:
- Disminución de riesgos psicosociales, sobre todo en quienes ya estaban más “al límite” por la presión del día a día.
- Reducción del absentismo laboral, un indicador directo de menor malestar.
- Mayor engagement, especialmente en quienes al inicio estaban «desmotivados«.
Eso sí, en personas ya muy motivadas el impacto fue menor, lo que recuerda a cuando empiezas a entrenar en el gimnasio. Mejoras rápido al principio, pero luego necesitas subir el nivel de reto para seguir avanzando.
Un ejemplo práctico que me gusta poner
Imaginemos una pyme del sector servicios, con un equipo de atención al cliente que vive con la sensación de que todo es urgente. Cada llamada es una bomba a punto de explotar.
Si solo les dices “gestionad mejor el estrés”, el resultado es frustración (y quizá también alguna expresión malsonante que no te gustará oír).
Pero si les ayudas a identificar y usar sus fortalezas, la experiencia cambia. Por ejemplo:
- La creatividad les permite encontrar soluciones nuevas ante problemas repetitivos.
- La esperanza les ayuda a mantener la visión de que siempre hay salida, aunque el día se complique.
- La curiosidad despierta el interés por aprender de cada interacción con el cliente, en lugar de verla como una amenaza.
- La gratitud genera un clima más humano, reconociendo pequeños gestos que hacen más llevadera la presión diaria.
Las demandas no desaparecen, pero la manera de enfrentarlas se transforma.
Es como en el gimnasio. No puedes reducir el peso de la barra, pero sí fortalecer tus músculos para levantarla mejor.
Además, muchas de estas fortalezas están íntimamente relacionadas con la inteligencia emocional (IE).
Por ejemplo, el autocontrol conecta con la regulación emocional, la gratitud con la gestión positiva de las relaciones, o la esperanza con la capacidad de mantener una visión optimista en situaciones de presión.
Las fortalezas del carácter son, en muchos casos, la cara visible de la IE en el día a día de la empresa; una especie de «microcompetencias” que concretan la IE en la práctica.
El modelo JD-R y el rol de los recursos
Este hallazgo encaja con el modelo Demanda-Recursos Laborales (JD-R), que explica que el bienestar depende del equilibrio entre lo que se exige y lo que se ofrece.
Si las demandas son altas y los recursos escasos, aparece el desgaste. Pero si contamos con recursos —personales, laborales, sociales—, la balanza se equilibra y aparece el engagement.
En este caso, el estudio se centró en los recursos personales como eje principal. Sin embargo, los propios autores reconocen que no toda la solución está ahí.
Otros factores juegan un papel crucial en la creación de entornos saludables.
Los recursos laborales (tiempo, herramientas, formación), el liderazgo y la cultura organizacional.
De nada sirve reforzar las fortalezas individuales si la organización sigue poniendo trabas estructurales o si los líderes mantienen conductas coercitivas.
Y no debemos olvidar que…
La psicología positiva nos recuerda que los recursos personales no son un lujo, sino una palanca estratégica. Pero no son la única.
Un plan serio de salud psicosocial combina lo mejor de ambos mundos.
Fortalecer a las personas y, al mismo tiempo, revisar las condiciones de trabajo, los estilos de liderazgo y la cultura.
Porque al final, no se trata de eliminar todas las dificultades, sino de dotar a las personas y a las organizaciones de las herramientas necesarias para transformar la presión en energía productiva y sostenible.
Si quieres que te ayude a identificar y usar tus fortalezas junto a las de tu equipo, ponte en contacto conmigo sin compromiso.
Referencia
Vásquez-Pailaqueo, M., & Acosta-Antognoni, H. (2025). Evaluación de la eficacia de una intervención en Fortalezas del Carácter en Centros de Salud Públicos en Chile. Quaderns de Psicologia, 27(2), e2147. https://doi.org/10.5565/rev/qpsicologia.2147